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William Johnston es un nombre evidentemente inglés pero es un poeta uruguayo nacido en Montevideo en 1967. Autor de una poesía diáfana que comprende: Un jarrón chino (Ediciones del Pez Volador, 1994), Los Fragmentos Dispersos (Ediciones del Perz Volador, 1997), La Estación de las Bellas Furias (Editorial Verdehalago, México, 1998), El viento detrás del bosque (2003), Leve Sombra( Hermes Criollo, Uruguay,, 2008), Intemperie (Edicicones Botella al Mar, Uruguay, 2009), Dialogo Final (2009), Alaska (2014)..
Narrativa: No Acaricies Un Perro Ciego (Editorial Terracota, México, 2014). Comprende tres novelas: El Cielo Imperfecto, Magnolia y No Acaricies un Perro Ciego.
Una antología: Emblema (Editorial Botella al Mar, Uruguay, 2007).
Ganador varias veces del premio nacional de literatura de Montevideo, Uruguay.


antología de William Johnston 


INTEMPERIE (2009)


                                                   para Carolina Silva y Rosas.


oye cómo los perros
le roban a la noche
la sombra alargada del vampiro.

*   *   *

el borde filoso del silencio:
esta calma
entre los pinos.

*   *   *

la imaginación es una víscera:
deja que se pudra a la intemperie.

- tercos gusanos hilaràn la luz de este poema-

*   *    *

la araña teje
la piel
de la brisa.

*   *   *

pasa de largo la brisa:
ningún comentario
hacia el fondo de una taza de té.

*   *   *

la piel del amante
como brisa luego de la lluvia
bajo el tilo.


*   *   *

no tengo casa
no tengo permanencia.

acaso un amante

como una casa.
como una permanencia.

*   *   *

el silencio titila
hasta que la noche deje de hilvanar
el movimiento de las constelaciones.

*   *   *

guardé la memoria en una caja:

la infancia me trae el grito
de alguien que se olvidó morir.

*   *    *

los gatos ordenan la oscuridad.
le ponen nombre a la locura de la luz.
pactan con el plumaje de otras realidades.

cuando maúllan.

*   *   *

el golpe agrio contra el vidrio:
una mosca reclamando en círculos
perdidas plumas a la levedad.

DIALOGO FINAL (2012)

                                                                   Después de cada guerra 
                                                                   alguien tiene que limpiar 
                                                                                                      W. SZYMBORSKA

EMBLEMA


¿Que es este apellido que gravita ms allá del sonido,
ordena los huesos en números primos,
apresura el latido que ocupa lo vertical del corazón,
amansa la imaginación de izquierda a derecha
como si fueran nubes en un paisaje impreciso?

Cierzo que parte en dos el delirio
de enumerar cada uno de los objetos de esta realidad
y la siguiente, y la próxima, y la más lejana.

No hay lugar a dudas: este apellido es emblema secreto.
abre las puertas de lo que finge ser destino
- la cerradura contiene la evaporada forma de cierta caligrafía infantil-
al describir las mil y una historias siempre incompletas:
la sombra de un sicomoro que arroja más sombra
hacia el jardín de los Boschetti,
donde los días eran dones que se confundían con el resto de la luz
como los viajes, los hoteles o la espera hacia el costado del río,
donde la felicidad era ese cardumen de pejerreyes,
en sus escamas se leía el aura perdida del tiempo:
todo se mueve, fluye, discurre, corre o gira, 
cambian la mar, el monte y el ojo que los mira. 


así el apellido que ahora comienza a tatuar
el mar, el monte y el ojo que lo describe
similar a aquel niño en soledad apolillado de fotografías.

                                        todo se mueve, fluye, discurre, corre o gira 
                                        cambian la mar, el monte y el ojo que los mira.
                                                                                     Antonio Machado.


PAISAJE


La casa está vacía.

La trama del silencio prospera
en la noche en la cual se desata
desde su resaca oscura, el agua circular del insomnio,
la pesadilla inscripta en todos los eclipses de tu nombre.


Ahora estás en otra casa
donde el tigre camina entre los cedros.
Donde cada habitante tiene su rezo, su gárgola bendecida, su color,
porque la realidad es una superstición
porque el mundo es un espejo profundo como la ventana de este hospital.

Cuando nací dijiste que había nieve en la fuente
después vinieron las profecías.

Las palabras de Selva
como ola siempre dispuesta a entregarse a una misma orilla.

El encantamiento fortuito de los museos.
La magia del parque rodó en sábado.
Los viajes para buscar la piedra siempreviva que nunca acaba de brillar.

Mi infancia fue tu ternura
como un fuego fósil y a medida que crecía,
se fue convirtiendo en agua, aire, tierra.
El fuego se transmutaba en poesía:
arrasaba con los bosques,
con la zoología claudicante de las nubes,
con las estatuas de sal que profesaba mi padre.

Ahora sólo puedes dialogar con la cabeza cortada del sueño
y sus miles de serpientes como recuerdos.

No puedes atrapar al sol para que su luz te ilumine.

La luz es musgo que trepa sin motivo
por las paredes de este jardín
donde, de cuatro a seis, te llevan
para que admires el atardecer desde el roble seco,
los pájaros mecánicos que cantan entre el follaje de seda.

                                               Madre, madre, 
                                               vuelve a erigir la casa y bordemos la historia. 
                                               Vuelve a contar mi vida. 
                                                                                           Olga Orozco. 


Libros de William Johnston. 

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Otras historias. 


Les dejo varios poemas. El primero Pavana para una infanta difunta de Olga Orozco del libro Mutaciones de la Realidad (1976).

Pavana para una infanta difunta


A Alejandra Pizarnik
.
.
Pequeña centinela,
caes una vez más por la ranura de la noche
sin más armas que los ojos abiertos y el terror
contra los invasores insolubles en el papel en blanco.
Ellos eran legión.
Legión encarnizada era su nombre
y se multiplicaban a medida que tú te destejías hasta el último hilván,
arrinconándote contra las telarañas voraces de la nada.
El que cierra los ojos se convierte en morada de todo el universo.
El que los abre traza las fronteras y permanece a la intemperie.
El que pisa la raya no encuentra su lugar.
Insomnios como túneles para probar la inconsistencia de toda realidad;
noches y noches perforadas por una sola bala que te incrusta en lo oscuro,
y el mismo ensayo de reconocerte al despertar en la memoria de la muerte:
esa perversa tentación,
ese ángel adorable con hocico de cerdo.
¿Quién habló de conjuros para contrarrestar la herida del propio nacimiento?
¿Quién habló de sobornos para los emisarios del propio porvenir?
Sólo había un jardín: en el fondo de todo hay un jardín
donde se abre la flor azul del sueño de Novalis.
Flor cruel, flor vampira,
más alevosa que la trampa oculta en la felpa del muro
y que jamás se alcanza sin dejar la cabeza o el resto de la sangre en el umbral.
Pero tú te inclinabas igual para cortarla donde no hacías pie,
abismos hacia adentro.
Intentabas trocarla por la criatura hambrienta que te deshabitaba.
Erigías pequeños castillos devoradores en su honor;
te vestías de plumas desprendidas de la hoguera de todo posible paraíso;
amaestrabas animalitos peligrosos para roer los puentes de la salvación;
te perdías igual que la mendiga en el delirio de los lobos;
te probabas lenguajes como ácidos, como tentáculos,
como lazos en manos del estrangulador.
¡Ah los estragos de la poesía cortándote las venas con el filo del alba,
y esos labios exangües sorbiendo los venenos de la inanidad de la palabra!
Y de pronto no hay más.
Se rompieron los frascos.
Se astillaron las luces y los lápices.
Se degarró el papel con la desgarradura que te desliza en otro laberinto.
Todas las puertas son para salir.
Ya todo es el revés de los espejos.
Pequeña pasajera,
sola con tu alcancía de visiones
y el mismo insoportable desamparo debajo de los pies:
sin duda estás clamando por pasar con tus voces de ahogada,
sin duda te detiene tu propia inmensa sombra que aún te sobrevuela en busca de otra,
o tiemblas frente a un insecto que cubre con sus membranas todo el caos,
o te amedrenta el mar que cabe desde tu lado en esta lágrima.
Pero otra vez te digo,
ahora que el silencio te envuelve por dos veces en sus alas como un manto:
en el fondo de todo jardín hay un jardín.
Ahí está tu jardín,
Talita cumi.








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